2012/07/29

| OPINION | El mito de la capacidad de gestión de PNV

Daukan interesagatik webgunean jarri dugu Ion Andoni DEL AMOk Borroka garaia da! blogean argitaratu duen iritzi artikuloa.

Reproducimos por su interés el articulo de opinión de Ion Andoni DEL AMO publicado en el blog Borroka garaia da!


"Si la situación relativa de Euskal Herria es mejor, antes que gracias al PNV, lo es en muchos aspectos a pesar del PNV."

"En el ámbito netamente socioeconómico, ¿hay un hecho diferencial respecto a la gestión de las instituciones españolas? Parece más complicado de determinar. ¿Acaso no se ha pretendido aquí también un aeropuerto, superpuerto, superautovía o museo de arte contemporáneo por provincia, con todas las capitales unidas por alta velocidad? No tenemos un aeropuerto peatonal como el de Castellón, pero si unas cuantas macro-infraestructuras infrautilizadas, bastante por debajo de la utilización que se nos prometía; no tenemos una línea de alta velocidad convertida en agujero negro, porque aún no está concluida."


En tiempos de crisis, y ante el agotado gobierno virtual de Patxi López, el PNV se ofrece como garantía de gestión eficiente. El señuelo cuelga de un recuerdo, a saber, la gestión anterior del PNV, antes de la crisis. Pero, ¿realmente esa gestión fue tan buena? La mejor posición relativa de la CAPV respecto de España, ¿cuánto le debe a los gobiernos del PNV? Al fin y al cabo, la propuesta jeltzale se asemeja a la que hiciera Rajoy en el Estado: el recuerdo de cuando España (o Euskadi) iba bien. O eso parecía.

La posición económica de Euskal Herria en el Estado español ha sido desde hace tiempo destacada, antes incluso de los gobiernos del PNV, y refiere a razones históricas y estructurales: desde la propia llegada de la revolución industrial a la península, ésta se asienta principalmente en Euskal Herria y Catalunya. Evidentemente, la gestión desde las instituciones vascas en estos últimos años ha tenido influencia notable. La cuestión es en qué sentido y hasta qué nivel: ¿ha sido el factor determinante? El propio Juan Jose Ibarretxe, en su tesis doctoral, afinaba en otra dirección: el destacado papel económico de la identidad y la dimensión comunitaria.

Así, se ha apuntado habitualmente la importancia de la estructura del tejido productivo de la economía vasca, vertebrado en torno a pequeñas y medianas empresas, localmente enraizadas, lo que le proporciona al tiempo flexibilidad y estabilidad, así como del importante movimiento cooperativo. Incluso los teóricos del mainstream en planificación estratégica reconocen la importancia del arraigo e integración en la comunidad como ventaja competitiva. La identidad nacional, en este sentido, al ‘imaginar’ la comunidad – en términos de Benedic Anderson – contribuye notablemente a construir esa cohesión y compromiso comunitario. En ese sentido, además, el hecho de que políticamente el nacionalismo vasco se haya articulado como nacionalismo popular – frente a los nacionalismos oficiales, de Estado, característicos de los restos imperiales, como el español – le otorga una particular fuerza para la auto-organización social y comunitaria. El factor identitario influye notablemente en varias dimensiones: facilitando redes de confianza, la cohesión e integración cultural, la fuerza comercial de lo ‘nacional’ (la etiqueta ‘euskal’), un mayor compromiso y arraigo con la comunidad de algunos sectores empresariales, un control social y comunitario sobre otras practicas más desarraigadas y especulativas, y una notable capacidad de auto-organización social y socioeconómica, con el cooperativismo como ejemplo destacado.

La importancia histórica del PNV, en este sentido, es incuestionable, como primera articulación política importante de la identidad nacional, con una notable dimensión popular (sí, el PNV también). Tanto o más cruciales resultarán las posteriores articulaciones del nacionalismo de izquierdas, con una vocación popular más marcada y explícita. Y de forma especialmente destacada, lo serán el sindicalismo abertzale y los movimientos populares.

¿Y las políticas públicas de las instituciones vascas en los últimos años? Es evidente su influencia simbólica y política como proto-estado, y sus políticas de nacionalismo ‘oficial’, en la consolidación de la dimensión de identidad nacional y comunitaria. Pero en el ámbito netamente socioeconómico, ¿hay un hecho diferencial respecto a la gestión de las instituciones españolas? Parece más complicado de determinar. ¿Acaso no se ha pretendido aquí también un aeropuerto, superpuerto, superautovía o museo de arte contemporáneo por provincia, con todas las capitales unidas por alta velocidad? No tenemos un aeropuerto peatonal como el de Castellón, pero si unas cuantas macro-infraestructuras infrautilizadas, bastante por debajo de la utilización que se nos prometía; no tenemos una línea de alta velocidad convertida en agujero negro, porque aún no está concluida. Las políticas de PNV, UPN, PP y PSOE no han diferido en muchos aspectos de las españolas: desarrollismo de macro-infraestructura y cementazo, presupuestos que se desbocan en su ejecución como el caso de Bidegi, subvenciones incondicionadas para la atracción de multinacionales que luego se van, centralización y mercantilización del sector agrícola y ganadero, fiscalidad regresiva a favor de las grandes rentas y del capital (en esto el PSE parece desmarcarse ahora), grandes bolsas de fraude fiscal, u ocurrencias autóctonas como la chapuza de las vacaciones fiscales. La política del alcalde Azkuna respecto a los horarios comerciales, que beneficia a las grandes superficies en detrimento del pequeño comercio, poco parece tener que ver con eso del arraigo local y la comunidad; más recuerda a las insignes Esperanza Aguirre o Ana Botella, incluso en el tono castizo y cañí.

Si algunas de las políticas del modelo de desarrollismo más ramplón español han tenido menos repercusión en Euskal Herria, no parece que sea por un especial celo al respecto de las instituciones vascas comandadas por PNV, UPN, PP y PSE. Antes bien, tal hecho parece remitir al factor anteriormente señalado: el mayor activismo y control comunitario. Ha sido el notable activismo de los movimientos sociales vascos el que ha puesto freno o modulado el desarrollismo neoliberal, muchas de las veces impulsado entusiasta e irresponsablemente por las propias instituciones vascas. Si la situación relativa de Euskal Herria es mejor, antes que gracias al PNV, lo es en muchos aspectos a pesar del PNV. Es más, los cambios recientes en sus parámetros ideológicos acentúan una involución: el mayor peso del sector más neoliberal de Bizkaia frente a las propuestas más identitarias del defenestrado Ibarretxe. Así, la apelación cuasi melancólica a gestiones pasadas, como pasara con Rajoy, resulta vacua y engañosa si no se acompaña de una reflexión seria y crítica sobre los supuestos que nos han traído hasta aquí. Y de una propuesta de cambio.

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