2010/08/10

Artículo de Opinión: Vicenç Fisas, Director de la Escuela de cultura de Paz - Grupo Correo 10/08/10

¿Legalizar Batasuna?

El debate que ha tenido la izquierda abertzale en los últimos meses, ya concluso, no debería ser tema tabú para nadie, y menos para quienes sienten preocupación por el llamado problema vasco. Guste o no, la izquierda abertzale es una realidad en el País Vasco, y lo que piense y haga es importante. Ningunear sus conclusiones no nos lleva a ninguna parte, y en cambio nos aleja del camino de reflexionar conjuntamente sobre una salida definitiva de la violencia en este escenario. Porque de eso se trata precisamente, de ver cómo finaliza una etapa de confrontación y se abre otra de ausencia total de violencia.
 En este sentido, me parece indispensable calibrar el significado inequívoco de la apuesta de la izquierda abertzale, cuando señala que el proceso democrático que propugna ha de ser por vías exclusivamente políticas, «en ausencia total de violencia y sin ingerencias, rigiéndose el diálogo y la negociación entre las fuerzas políticas por los principios del senador Mitchell», esto es, que nadie podrá utilizar la violencia o amenazar con su uso para influir en el curso de las negociaciones multipartitas.Deduzco de esta afirmación que en ausencia de violencia significa también en ausencia de ETA, y me parece difícil sostener lo contrario.

Y si la izquierda abertzale está apostando por un escenario donde ETA ha dejado de existir, es lógico preguntarse cuál ha de ser el paso inevitable para que esto sea una realidad. Y me parece que sólo existe uno, a saber, que ETA se autodisuelva, por iniciativa propia, para dar paso a lo que la izquierda abertzale llama «el proceso democrático», un proyecto en el que se jugaría en igualdad de condiciones con el resto de formaciones políticas. Se trata, en definitiva, de una salida mediante un intercambio: ETA desaparece a cambio de que la izquierda abertzale tenga juego político institucional. De hecho, en el documento que han aprobado recientemente, eso se cita de forma diáfana cuando afirman que «en el futuro la izquierda abertzale debería disponer de una formación política legal para la intervención político-institucional». No es sólo un deseo, es la fórmula de la salida del túnel.

Nos encontramos en las fases finales de un proceso que empezó hace ocho años, cuando Batasuna redactó un documento llamado 'Un escenario para la paz', y en donde por primera vez renunciaba a imponer su proyecto político y constaba «la existencia de territorios con peculiaridades propias, partidos y proyectos políticos diferenciados, una sociedad con diversidad de perspectivas y diferentes sentimientos de pertenencia nacional». Un año después, en 2003, la marca electoral AUB ya abogaba por la «desaparición de todas las expresiones de violencia del escenario político vasco», y se hacía la reflexión de que las acciones armadas de ETA se habían demostrado insuficientes para la efectiva resolución del conflicto vasco. En años posteriores, esta reflexión interna del mundo abertzale ha madurado, y mucho, hasta llegar a un punto de no retorno.

Encarcelado Arnaldo Otegi, su máximo dirigente e impulsor del tránsito hacia las vías exclusivamente políticas, han sido las voces de Rufi Etxebarria y Rafa Díez Usabiaga las que han dado fe de que el paso estaba dado y de que se estaba en condiciones de desprenderse del peso de ETA en la toma de decisiones. En otras palabras, la izquierda abertzale se ha vuelto autónoma de ETA, y sólo trata de manejar su discurso independiente con la prudencia necesaria para no entorpecer los pasos que ETA ha de dar por sí misma para dejar las armas de forma definitiva. Nos encontramos así en un escenario donde es precisamente la izquierda abertzale la que estimula el fin de ETA, como condición necesaria no sólo para poder hacer política institucional, sino para finalizar con la fase armada del conflicto vasco.

Batasuna, o la formación que la sustituya en el futuro, necesita estar presente en la arena política para completar la tarea que está realizando la izquierda abertzale. Es un error mantenerla prohibida y alejada del escenario político, porque esto retarda el momento de la autodisolución de ETA e impide que este sector sociopolítico de la comunidad vasca que es la izquierda abertzale contribuya desde las instituciones a normalizar el debate sobre el futuro de la sociedad vasca.

Porque la desaparición de ETA es sólo una parte fundamental del guión, pero no la única escena de la obra. Habrá un capítulo largo de discusión pacífica sobre el futuro de Euskadi y su encaje con el resto de España, un debate que en años anteriores ha estado viciado por la existencia de ETA y por una lógica matemática perversa, cual era pensar que con el 51% de los votos se podía imponer un proyecto político. Hoy, por fortuna, se ha superado este esquema, y todas las fuerzas políticas, incluida Batasuna, han asumido que hay que conseguir mayorías más amplias para llegar a lo que se ha denominado el 'consenso suficiente', donde por regla de tres ha de participar activamente el Partido Socialista de Euskadi y el PNV, y si tuviera amplitud de miras, incluso el PP vasco.

En este consenso suficiente no puede estar marginada la izquierda abertzale, porque es una pieza clave de la normalización de la política vasca y de la definitiva resolución del llamado conflicto vasco.

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